«Esta es una grande. Hace años que la gente lo pide», dijo el lunes Donald Trump al recibir una de las carpetas del centenar de órdenes ejecutivas que se había dispuesto firmar en su primer día como presidente de Estados Unidos.
«México probablemente no lo quiera, pero lo tenemos que hacer».
Sentado en su escritorio del Despacho Oval, repasó brevemente el texto y estampó su rúbrica con un grueso marcador negro. Y con ese gesto, puso en marcha el complejo proceso para designar a los carteles mexicanos del narcotráfico «organizaciones terroristas extranjeras».
«Las actividades de los carteles amenazan la seguridad del pueblo estadounidense, la seguridad de EE.UU. y la estabilidad del orden internacional en el hemisferio occidental», se lee en la decisión presidencial, ya publicada en la página web de la Casa Blanca.
Por considerar que «representan una amenaza similar», se solicita la misma denominación para el Tren de Aragua, una banda surgida en una cárcel de Venezuela y con presencia en otros países de América Latina, y para la Mara Salvatrucha o MS-13, la pandilla nacida en las calles de Los Ángeles en la década de los 80 y que adquirió otra dimensión cuando muchos de sus miembros fueron deportados a El Salvador.

