La oferta de Qatar de un lujoso Boeing 747 al presidente Donald Trump ha encendido las alarmas en la comunidad de inteligencia y diplomacia de Estados Unidos, donde los regalos de gobiernos extranjeros siempre han sido vistos con sospecha.
Más allá de las dudas legales y éticas sobre la aceptación del avión por parte de Trump —un modelo con capacidad para 89 pasajeros y un suntuoso interior de diseño francés—, también existen preocupaciones técnicas y de seguridad.
Los expertos advierten que un regalo de este tipo, por parte de un gobierno extranjero, podría ser una oportunidad para realizar vigilancia, seguimiento o comprometer las comunicaciones del presidente y de quienes viajen con él.
“Si hubiéramos construido el avión, sabiendo que iba a un gobierno extranjero, probablemente lo habríamos intervenido,” comentó Thad Troy, exjefe de estación de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).
Troy recordó su tiempo en la Moscú de la Guerra Fría, cuando la Embajada de Estados Unidos estaba siendo desmantelada ladrillo por ladrillo para eliminar una red de dispositivos de vigilancia incrustados en el concreto del edificio.
El senador Mark Warner, principal demócrata en el Comité de Inteligencia, calificó la aceptación del regalo como “increíblemente imprudente.”
“Un avión proporcionado por un gobierno extranjero presenta una serie de riesgos potenciales de seguridad, desde equipos de vigilancia hasta sistemas de comunicación comprometidos, y sería casi imposible inspeccionar minuciosamente un avión como ese para detectar herramientas de espionaje o preocupaciones de seguridad,” señaló Warner en un comunicado el miércoles a Bloomberg News.

