Orès Collective firmó, junto a una marca francesa de ropa infantil, una pieza audiovisual generada con inteligencia artificial para su campaña navideña. La historia: un peluche extraviado que recorre las calles de París buscando el camino de regreso con su dueño. El dato que importa para un founderes otro: la marca consiguió una narrativa de alto contenido emocional sin asumir los costos de una producción tradicional.
La IA generativa dejó de ser un experimento de nicho en publicidad para convertirse en una decisión estratégica con impacto medible en tres variables que cualquier equipo de marketing revisa cada mes: alcance, costo de producción y resonancia emocional.
¿Cómo se distribuye una campaña de este tipo?
La campaña combina televisión conectada (CTV) con activaciones orgánicas y pagadas en Instagram y TikTok. Ese mix responde a una lógica concreta: la misma narrativa aparece en distintos momentos del recorrido del consumidor, desde la exposición pasiva frente a la pantalla del televisor hasta la interacción directa en redes sociales.
Para los mercados latinoamericanos, donde la penetración de plataformas de streaming y redes sociales sigue creciendo por encima del promedio global, el modelo ofrece una referencia concreta. La IA no solo reduce fricciones en la etapa de producción: también habilita ciclos creativos más cortos y mayor capacidad de personalización por canal.
Ese último punto suele subestimarse. Producir más rápido no sirve de nada si el equipo sigue aprobando una sola pieza por trimestre. La ventaja real aparece cuando el ciclo corto se traduce en más iteraciones, más variantes de mensaje y más aprendizaje por cada peso invertido.


