Gaby Espino tenía, quizás, 19 años cuando la fama tocó a su puerta. Salía de la adolescencia y entraba al estrellato como animadora de la versión producida en Venezuela de Nubeluz, programa de la década de los 90 que conquistó a grandes y chicos en toda Latinoamérica.
Aunque ella era muy joven, aquellos primeros pasos se hicieron sólidos para recorrer un camino ininterrumpido de fama, con todo lo bueno y lo malo que eso implica, hasta el día de hoy, cuando sigue siendo una cotizada presentadora y actriz de televisión.
Entre las desventajas de la fama está el efecto irreversible que el maquillaje puede tener en la piel de las actrices, y si a esto sumamos el efecto de los rayos del sol intenso que ilumina al estado de Florida, donde vive Espino, obtenemos una fórmula que amerita cuidados minuciosos. De ello hablamos en una entrevista donde, además, exploramos la esencia latina que caracteriza a la actriz, quien es embajadora de Neutrogena.
-¿Cuál consideras que ha sido el desafío más importante que has tenido que enfrentar siendo mujer latina en una industria tan competitiva como la del entretenimiento?
-La verdad es que no siento que he tenido que superar obstáculos, pero sí he tenido que afrontar sacrificios, pero no como latina, sino como inmigrante. Estar lejos de mi familia ha sido muy difícil, por ejemplo.
Sin embargo, me enfoco en qué es lo que está percibiendo la gente de mí, sino en mi trabajo. Dejar lo mejor de mí en todo lo que hago, en mantener mi identidad latina siempre en alto, así como el hecho de ser mujer primero que todo. Pero esto no es algo que haya representado un esfuerzo sino que es parte de mi forma de ser y de mi esencia.
-¿Crees que esta forma de ser de los latinos en general -la alegría, lo afectuosos y cercanos que solemos ser- te ha ayudado de alguna manera a lidiar con la presión constante del escrutinio del público sobre cómo se supone que deberías lucir?
-Creo que es nuestra naturaleza. Los latinos tenemos alegría, desparpajo y hasta, de pronto, eso hace que quizás no nos importe mucho que nos critiquen demasiado, que nos estén observando o juzgando. Creo que esa actitud nos hace brillar a los latinos en cualquier lugar en el que nos encontremos.

