Elon Musk acaba de decir en voz alta algo que muchos gurús tecnológicos insinúan desde hace años: que ahorrar para la jubilación es inútil porque la inteligencia artificial hará que todo sea tan barato que el dinero dejará de importar. Suena futurista. Suena tentador. Y también suena peligrosamente cómodo para alguien que ya no necesita preocuparse por llegar a fin de mes.
La frase pasó casi como un comentario al margen, pero es dinamita pura: “No te preocupes por guardar dinero para tu jubilación. No va a importar”. Quien lo dice no es un visionario de Reddit ni un influencer cripto, sino Elon Musk, el hombre más rico del planeta. Según él, estamos entrando en una era donde la inteligencia artificial hará que el trabajo humano pierda valor y que los bienes y servicios sean prácticamente gratuitos. En ese futuro, planificar a 20 o 30 años sería tan absurdo como ahorrar velas antes de la llegada de la electricidad.
La frase pasó casi como un comentario al margen, pero es dinamita pura: “No te preocupes por guardar dinero para tu jubilación. No va a importar”. Quien lo dice no es un visionario de Reddit ni un influencer cripto, sino Elon Musk, el hombre más rico del planeta. Según él, estamos entrando en una era donde la inteligencia artificial hará que el trabajo humano pierda valor y que los bienes y servicios sean prácticamente gratuitos. En ese futuro, planificar a 20 o 30 años sería tan absurdo como ahorrar velas antes de la llegada de la electricidad.
El problema es que ese futuro todavía no existe. Y Musk habla como si ya estuviera garantizado.
En una reciente entrevista en el podcast Moonshots, Musk explicó su visión sin rodeos: la IA será tan potente que reducirá el coste de todo. Trabajo, servicios, producción, creatividad, incluso la inteligencia. Todo se abaratará hasta el punto de que el concepto de salario perderá sentido y aparecerá lo que él llama “ingreso universal alto”. No ayuda a los pobres: los vuelve irrelevantes, porque —en teoría— todo estará al alcance de todos.
Su anfitrión, Peter Diamandis, se subió rápido al entusiasmo. Habló de una “desmonetización de la economía”, de un mundo donde el coste del trabajo y del conocimiento será cero. Una especie de utopía post-escasez con robots, algoritmos y abundancia infinita.
Hasta que alguien hizo la pregunta incómoda: si nadie trabaja, ¿de dónde sale el dinero para que las personas sigan comprando cosas?


