Aunque a mucha gente le gusta el queso, suele dejarse fuera de las dietas balanceadas por su alto contenido en grasas saturadas y sodio, que ha generado debates en torno a su papel en la salud cardiovascular y la prevención de enfermedades crónicas. Sin embargo, no todos los quesos son iguales.
El queso es un alimento derivado de la leche, obtenido mediante la coagulación de la caseína, una de las proteínas presentes en la leche, y su posterior fermentación. Este proceso, que puede variar según el tipo de queso que se esté produciendo, da lugar a una amplia gama de sabores, texturas y aromas característicos.
Cada variedad de queso tiene sus propias características únicas, determinadas por factores como el tipo de leche utilizada (vaca, cabra, oveja, búfala, entre otras), el proceso de elaboración, el tiempo de maduración y los aditivos o condimentos añadidos durante su producción.
En términos de propiedades nutricionales, el queso es una excelente fuente de proteínas de alta calidad, que proporcionan los aminoácidos esenciales necesarios para el crecimiento y la reparación de tejidos en el cuerpo humano. Además, es rico en calcio, un mineral fundamental para la salud ósea y dental, así como en otros nutrientes como fósforo, zinc, vitamina A, vitamina B12 y riboflavina.
Sin embargo, muchos tipos de queso contienen niveles significativos de grasas saturadas, y especialmente los quesos procesados y los quesos duros, pueden tener un alto contenido de sodio, lo que puede contribuir a la hipertensión arterial y otros problemas de salud si se consume en exceso.
Además, el queso es relativamente denso en calorías, lo que significa que una pequeña porción puede contener una cantidad considerable de calorías. Para aquellos que están tratando de controlar su peso, el consumo excesivo de queso puede dificultar el logro de sus objetivos.
Pero no está todo perdido, según Chen, el queso puede ser parte de una dieta saludable para el corazón. Aunque algunos tipos de queso son ricos en grasas saturadas y sodio, otros tipos de queso tienen un perfil nutricional más favorable y pueden ser beneficiosos para la salud del corazón.
De hecho, existe un concepto que se conoce como “la paradoja francesa”, que hace referencia a que, si bien las enfermedades cardiovasculares se relacionan con una dieta alta en grasas saturadas, el país europeo tiene la menor mortalidad en estas condiciones, pese a ser uno de los mayores consumidores de queso en el mundo, según datos de la OMS.
Con esto en mente, el cardiólogo recomienda el queso mozzarella como uno de los mejores quesos para agregar a la dieta. “Es una buena fuente de proteínas y calcio, e incluso contiene probióticos que pueden beneficiar la salud intestinal e inmunológica”, dijo el Dr. Chen. “La mozzarella fresca también tiene menos grasa saturada y sodio que otros quesos”.

