Es inmediata, es de represalia, es contundente. Y está dejando a países —a océanos de distancia— desorientados, repensando las normas diplomáticas y preguntándose qué tan solos están cuando de luchar contra el gigante estadounidense se trata.
En parte, eso es intencionado: ya sea en la negociación de acuerdos o en la diplomacia, la estrategia de Donald Trump siempre ha sido la de mantener a la gente en ascuas, una mezcla de sorpresa y fuerza que ya agita los mercados al inicio de su segunda semana en el cargo. El ataque contra Colombia por rechazar los vuelos de deportados desde Estados Unidos duró menos de 12 horas antes de que Bogotá cediera.
El episodio que involucró a uno de los socios comerciales más firmes de EE.UU. en América Latina muestra que las amenazas de Trump de causar daños económicos a través de aranceles pueden ser un arma diplomática eficaz para lograr prioridades internas a corto plazo. Es una lección que pesará sobre México y Canadá al tiempo que esperan noticias sobre si Trump cumplirá su amenaza de imponer aranceles del 25 % a sus importaciones hacia territorio estadounidense el 1 de febrero.
Y no solo ellos, sino también países como India, Japón y una franja de países europeos. La cuestión de cómo responder mejor a una administración estadounidense cada vez más asertiva e incluso beligerante se está aprendiendo sobre la marcha. La doctrina Trump —el interés propio disfrazado de nacionalismo patriótico— se despliega en tiempo real.
“La sumisión abyecta es lo único que aceptará Trump para que no sea tan malévolo como podría ser”, dijo Subir Sinha, director del Instituto del Sur de Asia en la SOAS University of London.
Noticia redactada por infobae.

